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Ahora avancemos hasta hace una decena de años. López Rueda, loco por el tenis, es el director ejecutivo de Postres Reina, con sede en Caravaca de la Cruz. Pero a López Rueda no solo le gusta el tenis; le gusta jugar al tenis en arcilla roja. Vive en la misma región que el clan Alcaraz, y las mejores y más accesibles canchas de tierra batida para él están en un club en El Palmar, así que juega allí, comentó José Lag, ejecutivo de Postres Reina desde hace mucho tiempo y amigo de la familia Alcaraz, quien habló en nombre de su jefe, López Rueda.
En el club se hizo amigo del padre de Alcaraz y jugó como compañero de dobles de su tío. Asimismo, el hijo de López Rueda, que es tres años mayor que Alcaraz, contó con el mismo entrenador, Kiko Navarro, que no paraba de delirar con el talento de Carlitos. Un día, López Rueda accedió a ver jugar al niño y no se parecía a nada que hubiera visto antes. Carlitos lo tenía todo, pero los recursos de su familia eran limitados. Su padre era entrenador de tenis y administrador del club, y su madre estaba ocupada criando al niño y a sus hermanos menores.
López Rueda accedió a prestarle a la familia 2000 euros para viajar a un torneo, pero luego empezó a pensar en grande y decidió involucrar a su empresa para apoyar a este jovencito local que ya era capaz de vencer a competidores más altos, más fuertes y mayores.
Postres Reina había apoyado durante mucho tiempo a los equipos locales de baloncesto y fútbol, pero el tenis era el deporte favorito de López Rueda y la empresa nunca había patrocinado a un atleta individual. Alcaraz se convirtió en el primero, luciendo el logo de la empresa en sus camisetas.
El apoyo de la compañía, que duró toda la adolescencia de Alcaraz, le permitió seguir accediendo a los mejores entrenadores de su región y viajar por toda Europa para disputar los torneos más competitivos.
“No se hizo con un interés publicitario”, dijo Lag. “Era solo para ayudarlo. Nunca pensamos que sería el número uno”.
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